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miércoles, 27 de marzo de 2013

La religión: excusa divina.


¿Cristianismo? ¿Islám? ¿Hinduismo? ¿Sintoísmo?¿Judaísmo?
Elige tu religión verdadera, la única, la indiscutible. Y tras hacer la elección cierra los ojos y anda ciego por el sendero de la iluminación divina. Usa las doctrinas de la fe como arma para todo aquel que es diferente, para los que no se someten a tu elección religiosa; para los que no son iguales que tú. Crucifícalos en nombre de Cristo, lapida en el nombre de Alá, viola en nombre de Shiva… No importa si tus actos son contradictorios a las ideas piadosas, el concepto del bien y el mal se camufla en cada acto de fanatismo con la idea del dios salvador, puesto que todos los actos procedentes de la mente más primitiva y perversa serán exculpados por éste ser redentor.

¿Cuántas inquisiciones se han camuflado con la idea de hacerlo en nombre de un poder religioso? ¿Cuántas brujas habrá que quemar? ¿Cuántas mujeres se verán sometidas al burka de la vergüenza y la distinción por sexos? La religión, cuestión de genitales. Sometidas a estar por siempre detrás de la figura masculina, nunca al lado.
Las guerras provocadas durante cientos de años: muerte y destrucción que ningún libro divino apoya. Actos de las almas más oscuras; becerros de grandes cuernos y ojos embolados que llevan un escudo y falsas ropas enlucidas por bandera. Exaltando a los cuatro vientos sus bondades mientras la sangre de las cabezas cortadas manchan sus manos.

¿Acaso la fe no tiene como principios la búsqueda de la paz interior a través de nuestras acciones? ¿Es suficiente excusa portar un símbolo religioso para someter a los demás?
Lástima, creemos que sabemos lo que leemos en nuestros libros y disciplinas místicas sobre el bien y el mal; sobre el paraíso, infierno y purgatorio. Pero no entendemos nada. Ciegos estamos siempre. Hemos hecho del poder divino un juguete con el que practicar la demagogia, la hipocresía; pero eso ya no importa, siempre podremos volver al templo a buscar la redención.

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