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jueves, 30 de agosto de 2012

El rey se enfada con su chófer. He aquí lo ocurrido, como siempre... CON UN POCO DE HUMOR


miércoles, 22 de agosto de 2012

La Soledad del Artista.





 Hay días en los que el calor consigue que salga a la calle lo justo para satisfacer mis necesidades. En esos días en los que el aire acondicionado se apodera de nuestra rutina casera, suelo buscar soluciones al tiempo desaprovechado en el sofá. Sé que habrá quién piense:¿por qué no pones la televisión y te dedicas a saturar tu cerebro con los numerosos programas que te ofrecen? O, ¿por qué no enciendes la Playstation y te entregas al tentador  “arte oscuro” del frikismo?




Por suerte, no siempre sigo las dictatorias sugerencias de mi diablo interior. Hay días, en los que una casualidad del destino hace que la bombilla de la creatividad se encienda. En este caso, encontré un boceto que tenía en una carpeta hace ya unos cuantos meses y ya no recordaba( sí, “casualidad” en mi caso es ordenar un poco el caos de habitación dónde dibujas…). Me gustaba mucho el esbozo, de hecho no lo regalé porque quería probar la misma imagen realizándola a color.

¿Y cómo surgió el apunte principal, la idea? Pues sinceramente, no puedo dar explicación a algo que no la tiene. Es uno de esos casos en los que cojo un lápiz y el bloc de dibujo, y pienso: " que salga lo que tenga que salir". Es decir, no parto de una imagen que he visto en otro lugar o de la realidad como tal. Cierro los ojos( aunque en ocasiones simplemente sueño con los ojos abiertos) y comienzo a imaginar, con tanta suerte, que mi mano parece estar conectada con mi subconsciente más perspicaz.

 En ese instante, cuando esa sensación me invade, siento que una gran paz interior me aleja de todo y de todos. Sin duda, es la sensación de soledad más orgásmica que nunca nadie pudiera imaginar. El hecho de desconectar de todo y sentir que una parte de tu ser está dejando un mensaje en el papel dónde los trazos fluyen al unísono, como si formaran una sinfonía de claroscuros. A veces me pregunto: ¿sentirían los maestros de arte y la música ese mismo éxtasis de aislamiento? ¿Serán quimeras mías, o simplemente he cruzado la delgada línea que separa la realidad de la ficción? Mientras encuentro quién  me conteste a esta pregunta, yo seguiré denominándola: La Soledad del Artista.

No suelo hacer dibujos de la realidad, de hecho me resulta un tanto aburrido. Aunque el arte figurativo requiere de un manejo de las proporciones y del detalle que muy pocos conocen( a mí me llevará toda una vida), me resulta demasiado obvio, no me sorprende.
¿Acaso hay algo más satisfactorio que sentir que aquello que brota de mis conceptos e imágenes mentales toma forma gracias a mis propias manos?


Quizás, sea la emoción de sentirme una diosa, capaz de crear nuevos mundos, de expresar todo tipo de emociones a partir de la nada. Un Big Bang de color y trazos que explotan en el papel para convertirse en algo nuevo, distinto. ¿Será que en cierto modo, toda persona necesita en algún momento sentirse un ser supremo?


Si dios existiera, ¿no sería él un artista que creó a partir de un sueño todo lo que hoy forma parte de nuestro propio cosmos?  Quizás, sólo seamos parte de un lienzo en blanco, donde formamos nuestros propios trazos  hasta convertirlos en lo que solemos llamar destino.

¿Sentirá dicho Ser Supremo el éxtasis de La Soledad del Artista?

Ilustración final realizada con técnica mixta sobre papel.

¿Veremos algún día esto? Espero que no, pero mientras... Con un poco de humor.


martes, 21 de agosto de 2012

Me voy a pasear un rato al perro...


lunes, 20 de agosto de 2012

Cojonera, mi nuevo personaje. DESTINO: ESPAÑA


Con un poco de humor


sábado, 4 de agosto de 2012

Prólogo

                                                           Fotografía tomada de la página Mayfrog.blogspot.com



Un gran zumbido recorría su lucidez aquella mañana tardía. Con mucho dolor
 de cabeza asomó su cara por encima del filo de la cama. Miró a su alrededor y comprobó el caos latente en su habitación. La anterior noche había sido larga, quizás demasiado…
-¿ Cómo?- pensaba ella mientras se vestía con la lentitud de un largo invierno. Y ese cómo seguía abofeteando su mente en un incesante intento por volverla a la realidad.
Fue hasta la cocina con la finalidad de tomarse un café, -¿un café, a las doce?- se interrogaba para sí misma aún sabiendo que nada de lo que se contemplaba a su alrededor poseía una respuesta que pudiera encontrar. El salón estaba lleno de ropa tirada en el suelo, la mesa auxiliar había sido cambiada de lugar y sustituida por más ropa, una caja vacía de Lucky Strike, papelinas y un canuto hecho con un billete de veinte euros. –Me puse hasta el culo- confirmaba con total horror su sentido más sensato. De nuevo, la misma pregunta se volvió a formar en su lucidez:-¿ Cómo?. ¿Cómo?...¿¡CÓMO!?-. Y esa minúscula consulta se convirtió en un incesante remolino que abrazaba su alma y la acechaba para garantizarle un inmenso sufrimiento.
Había tocado fondo, y ella lo sabía.
            El olor a café suavizaba su tormento, procurándole un efímero bienestar. Abrió el cajón, sacó una cucharilla y puso media cucharada de azúcar en la taza. Mientras la removía no paraba de recapacitar, y sus pensamientos eran cada vez más y más negros. Una gota de café salpicó su dedo índice. Ella contempló como la gota la recorría poco a poco buscando un lugar donde perecer y se dijo- quizás, esta sea la señal de que el vaso ha colmado-.
            Tras tomárselo, acudió de nuevo a su habitación y abrió uno de los cajones de su armario de nogal situado cerca de la ventana. Era una armario precioso, en tonos ocres y naranjas que, junto con los finos rayos de luz que entraban por los orificios hacían que aquel destartalado cuarto fuese algo más acogedor. Pero para ella, todo estaba volviendo a ser un infierno. Había vuelto a recordar todos aquellos pensamientos negativos que convirtieron los que debían ser los mejores años de su vida en una pesadilla. Para Carmen, una opresión que siempre tocaba a la puerta. Una sombra que la acechaba, y de la que ella formaba parte.
             Del cajón sacó un álbum de fotos, pasó la mano para quitar un poco el polvo que contenía la portada y lo abrió. Contenía fotografías de años atrás, quizás demasiados. En ellas, se la contemplaba feliz, la joven que siempre había sido junto a muchos de sus antiguos amigos y conocidos: alegre, divertida, extrovertida, sincera. Una silenciosa lágrima cayó por sus mejillas y concluyó:- La que chica que nunca más volveré a ser-.
Cerró el álbum con fuerza, quizás con la intención de no seguir mirando aquellas imágenes que tan lejanas le resultaban y volvió a guardar el álbum en su cajón mientras sollozaba con las ansias de quién necesita sacudirse así su sufrimiento.
              Así, con un inmenso malestar resultado de sus vicios cada vez más cotidianos y una hendidura en su alma; subió la persiana y se llenó de la luz que el sol brillante le ofrecía. –Nunca nada será igual-.

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