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sábado, 14 de julio de 2012

Diseño para restaurante

 Cuando se trata de crear la imagen corporativa de la empresa, son muchos los aspectos que debemos tener en cuenta: ubicación, tipo de clientela, gustos personales del propio empresario y cómo no, para mí la respuesta a la pregunta a la pregunta que todo aquél que se  embarque en la imagen de su negocio: ¿Qué es lo qué queremos transmitir?.

En este caso, el dueño del restaurante tenía muy claro que quería hacer. Un restaurante que fuera exclusivo, elegante, y dedicado al mundo de la vinicultura.

Sin más me puse manos a la obra, basándome en lo que el cliente pedía para su negocio. Lo más importante( y también lo más difícil) es conseguir captar la esencia del mismo. Por ello siempre se parten de bocetos y muchas pruebas( y en muchos casos, horas) hasta llegar a crear la imagen que el tipo de negocio necesita.


Imágenes: logotipo( arriba), carta de platos( inferior izquierda) y carta de vinos( inferior derecha).                                                                                                                                                            Diseño: May Olivares. Las imágenes están protegidas por derechos de autor.

jueves, 12 de julio de 2012

El Silencio


Silencio, definición: Silencio procede del latín silentĭum y hace referencia a la abstención de hablar o a la ausencia de ruido. El silencio también es un recurso paraverbal que puede utilizarse en medio de una comunicación.

Silencio, una palabra que apenas habla, que no necesita ser escuchada puesto que carece de voz. Una expresión ligada con la luz y la oscuridad a partes iguales.  Así es él, tan callado y reflexivo. Tan enigmático como inquietante, pero a la vez relajado, pausado, esperando la oportunidad para aparecer en sus múltiples facetas. Lo mismo puede convertirse en un gran compañero de la soledad más benevolente como ser el azotador de la verdad, el amigo de las cosas que se nos quieren ocultar, el perro fiel del disimulo y de la farsa.

Nunca me gustaron los silencios. Y cuando digo ésto no me refiero al mutismo que se esconde en la naturaleza, tras un alegre revolotear de pájaros o al sigiloso arte con el que el afluente de un río nos regala los oídos. El silencio del que yo hablo es aquél que se esconde tras la actuación humana. La discreción que oculta un hecho o verdad. El sigilo que siempre es descubierto y que nunca debía haberse escondido. Ese silencio, el de las palabras, siempre se confiesa en actos contradictorios… Y por lo general, tras ser desenmascarado provoca incertidumbre, más preguntas y respuestas que corretean por un laberíntico túnel de enigmas y opacidad.

¿Existe una relación directa entre el silencio y la mentira?. Siempre he creído que sí, más teniendo en cuenta que cuando callamos ante una realidad ambicionamos ocultarla. ¿Acaso no se miente cuando cavamos un agujero dónde archivar la verdad?. Y en el caso de que pretendamos ocultarla y no lo consigamos, ¿cuáles son sus consecuencias?.

Cuando la autenticidad de los hechos se revela y sale a la luz, son muchas la reacciones que aparecen en nosotros. Quizás tantas como número de personas que vivimos en el planeta. Pero la tardía explosión de sinceridad acarrea dudas. Demasiadas.
-¿Por qué?- Es la pregunta que une a las millones de reacciones formando un abanico de irresoluciones.

Y tras esta pregunta, habrá quién necesite excavar más y más. Hay quién no se conforme con sólo una respuesta, puesto que el relativismo que existe en cada hecho ocultado crea múltiples caminos, algunos que no llegan a ninguna parte, otros, que son laberínticos y que encierran más de un disfraz. Siempre se ha dicho que la mentira genera más mentira. Y la vida me ha enseñado que es cierto.

Por ello, llegué a la conclusión de que no hay mayor mentira que el silencio humano, aquél que nosotros construimos hasta crear una fortaleza de sombra y oscuridad.  La afonía del alma humana, divertida para los que desconocen la claridad y juegan al “gato y el ratón” con toda aquella persona que esté en el perímetro cercano a su entorno. Mutismo que genera más dolor que la verdad más contundente.

El silencio humano, la mayor de las mentiras.

martes, 10 de julio de 2012

Carta de amor ganadora del accésit local del Certamen de Cartas de Amor Ciudad de Bailén


Aquella noche de diciembre aparecía entre la lejanía del día como otra cualquiera. Pero tú y yo sabíamos que no sería otra noche como tantas. En la parada del autobús, tú, yo y dos maletas apoyadas levemente en el suelo.
Todo era silencio a nuestro alrededor, pero te miraba a los ojos y sabía que éstos querían expresarme tu disimulado y latente dolor. Me contemplabas y no parabas de hacerlo hasta que comprendí que más que contarme tu sufrimiento querías aullármelo a los cuatro vientos. <>, <> eran algunas de los pensamientos que bramaba reservadamente el verdor de tu mirada.
Mientras conversábamos entre miradas fugitivas del ruido, el cielo rompió a llorar, como si nuestra discreta tristeza hubiera sido absorbida por las nubes en un atisbo de llanto y pena. Pronto se iluminó el cielo y los truenos confirmaron que ya no había vuelta atrás. Un abismo de 560 kilómetros se interponía entre nosotros cuando a la vuelta de la esquina apareció el autobús. <<¿Por qué había sido tan puntual?>>. Me pregunté mientras nuestras manos se entrelazaban en un suspiro de agónica incertidumbre por nuestro porvenir. No quería llorar, no deseabas que te viera suspirar, y entre sentimientos de confusión y afecto nos dimos el que sería nuestro último beso durante una larga temporada, sin que ninguno de los dos derramase un lamento. Queríamos, necesitábamos ser fuertes. ¿Pero quién puede contener el llanto tras ver a la persona a la que amas alejarse y desaparecer en la oscuridad como el agua que se escurre en nuestras manos?. Y así, tras un beso, dos “te quiero” y tres “no me olvides” me monté con dirección a mi nuevo destino.
Como desearía no quererte ni un segundo, ni una milésima más para no tener que descargar mi llanto cada vez que te pierdo de vista, que dejo de tocarte y olerte, y que te intuyo más y más lejano cuando mi mar de olivos desaparece en el horizonte.
Como anhelaría que dejaras de poner mi foto en tu mesita de noche, y te olvidaras de mí y mis ganas de volar.
Yo, que todavía sigo sin comprender porqué nunca has dejado de quererme ni un momento, ni un solo instante desde el primer momento que pusiste tus ojos en mí.
Yo, que soy un colibrí que no sabe que néctar prefiero,  que soy un pájaro deseoso de volar , de ver el mar y oler la libertad.
Yo, que a veces te hago cargar con la bipolaridad de mi alma, a veces dándote guerra, otras, procurando tu calma.
Yo, que tras varias reflexiones he comprendido que tú eres un ser especial, un ángel traído del cielo para hacerme volar con tu risa y fundirme entre tus blancas alas, mientras que yo, sigo siendo una imberbe del amor, un anticristo de las pasiones y del sentimiento más puro. Pero sin embargo, te quiero.
Y con estas deliberaciones realizadas en un incómodo asiento de autobús, al lado de un desconocido que duerme apaciblemente, paso las horas muertas cada vez que me alejo de ti, como siempre y como nunca. Porque, aunque creas que sigo siendo una escurridiza presencia en tus noches de soledad, yo también siento que una de mis alas se rompe cuando en mi búsqueda de la autonomía de mi alma no estás tú planeando conmigo alrededor del cielo turbio y gris.
 Por eso comprendí, que aunque era un colibrí buscando mil flores donde posarme, no podría sobrevivir sin ti, pues eres el néctar más dulce que conozco, la flor más hermosa de cuantas me poso. Aquella flor en la que quisiera yo hospedarme para alimentarme de por vida con el jugo de tu amor sin intereses y sin esperas.



Aquella mañana de marzo se intuía especial, no era el típico día de primavera, y los primeros rayos del sol saludaban con más fuerza que nunca. Tú, yo y el alegre astro sabíamos que algo señalado estaba apunto de ocurrir.
Y así fue, mi alegría era más y más patente a medida que mis olivitos se asomaban entre las lomas para afirmarme que tu presencia por fin ya no era un espejismo de mi imaginación. La entrada al pueblo ya era evidente, al igual que mi nerviosismo y mis ganas por comprobar si en todo este tiempo habías ganado o adelgazado algunos kilos. <<¿Y eso qué más da?>>. Me preguntaba a mí misma con la emoción de una niña que esperaba su regalo de cumpleaños, aunque en este caso ninguno de los dos celebraba su onomástico, sino algo mucho más especial y más difícil de definir.
Y por fin, cuando el autobús giraba la esquina, la emoción fue más que palpable y mis brazos se agitaban con fuerza para que me vieras llegar. Tenía la sensación de que no te habías movido jamás de allí y habías esperado quieto mi regreso cual farola. Tenía la impresión de que yo nunca me había alejado de ti.
Bajé las tres escaleras que me separaban de ti y nos fundimos en un abrazo, mientras el sol se estremecía con fuerza para regalarnos un cálido encuentro.
Todo había valido la pena, mis noches en la más absoluta soledad  y tus sábanas frías por fin se habían terminado. Y nuestras miradas ahora se entrecruzaban en un instante en el que ya no había llantos reprimidos ni angustia. La perfección en estado puro, tú y yo, como siempre, como nunca, de nuevo durmiendo en la misma cama, muriendo de amor.
Entonces llegamos a la conclusión de que nunca la distancia podría separarnos, los abismos no eran tales si la espera valía la pena, y de hecho, siempre la ha valido. Y en ese momento yo era más libre que nunca, amarrada a un “cómo estás” dos “te quiero” y tres “nunca te he dejado de querer”.
Y por eso ahora escribo estas líneas, e intento que entiendas “entre líneas” que ya jamás ninguna estación ni aletargada lejanía conseguirá que dejemos de amarnos, aunque dentro de cuatro días volvamos a tener un “Deja vu” tras irme de nuevo y volver a despedirnos como siempre: un beso, dos “te quiero” y tres “no me olvides”.

lunes, 9 de julio de 2012

El cómic, ese gran olvidado.

Cuando en España oímos la palabra CÓMIC, lo primero que se les pasa por la cabeza a los mortales es pensar en gente disfrazada por la calle de forma estrafalaria, o personas con cierta tendencia a la inmadurez... e incluso habrá quién piense que el cómic suele ser leído por un grupo sectario "sediento de sangre humana"( creedme cuando os digo esto... a veces como fan y seguidora de este arte me he sentido un auténtico vampiro sacado del mismísimo Crepúsculo...).
Bueno, por no centrarnos en lo que piensan de aquellos honrados dibujantes y guionistas. Entre algunas de las leyendas urbanas nos encontramos con: "El dibujante de cómics es un holgazán que no hace nada en todo el día" o simplemente la típica frase de "Eso lo hace cualquiera".
Pues bien. Me gustaría dedicar este artículo a todas las personas seguidoras del mundo del cómic, ya sea desde el cómic americano( Marvel, DC Cómics, etc.) hasta el manga más radical( con géneros como el Shonen, el Shojo o el Yaoi). Y cómo no dedicárselo a nuestros talentos nacionales, que por desgracia en muchos casos tienen que viajar a otros países donde la cultura de la viñeta está más extendida( Francia, Italia, Estados Unidos o Japón son algunos ejemplos).
El cómic, al igual que cualquier libro que se precie, nace de una idea, sí. Esa pequeña  bombilla que se enciende cuando la creatividad llama a tu puerta. Y creedme cuando os digo, que la idea sólo es el comienzo de un largo proceso creativo que puede durar semanas, meses e incluso años.
No sólo tenemos la idea, sino que debemos adaptarla al papel, con ella hay que crear un mundo nuevo: personajes, ambientación, estilo de páginas.... Para por último llegar al storyboard( personalmente, mi fase favorita). 
Una vez tenido el guión, los personajes y todos los elementos necesarios( y como no, nuestro storyboard) toca ser preciso. Horas y horas delante del papel, unos buenos( o por lo menos decentes) materiales y una mesa de dibujo. Sin duda, tras la finalización de los dibujos a lápiz... toca el entintado,¡ufff! Trabajo de chinos sin duda, ya que un leve error puede ocasionar que acabemos perdiendo la paciencia y sobretodo, nuestra página.
El coloreado ya depende del propio estilo del dibujante o de la editorial. Por ejemplo, en el manga japonés las páginas van en blanco y negro( con algún que otro tramado que ayudará a crear ciertos tonos grises), mientras que el estilo europeo es mucho más colorido.

Pero por muy bien dibujada que esté la historia, lo realmente importante es el guión. Un dibujo llamativo siempre llama la atención, ya sea por su belleza, originalidad, estilo... Pero sin embargo, lo que realmente engancha al lector es la historia. Porque al fin y al cabo el cómic es eso: una historia.
Por suerte hoy en día disponemos en muchas librerías y tiendas especializadas de todo tipo de géneros para toda clase de edades. Desde las viñetas creadas para el público infantil, hasta temas e historias mucho más maduras destinadas a satisfacer el paladar del adulto más exigente. 

¿Novela gráfica? Sí, así es como se denominan aquellas obras e historietas destinadas a un público adulto. Aunque esta denominación causa mucha controversia me dispongo ha darles las características que hacen que sean denominadas así:
  • Formato de libro
  • Un único autor y más raramente un grupo de ellos.
  • Una única historia, extensa y con tendencia a la densidad.
  • Pretensiones temáticas de la Literatura con mayúscula, con recurso al subjetivismo autobiográfico, flash backs, diferentes tiempos narrativos, etc.
  • Destinada a un público maduro o adulto.

Entre algunas de las novelas gráficas más importantes de la historia( de las cuales muchas han sido llevadas a la gran pantalla) destacan: The Walking Dead( ¿os suena la serie?) de Robert Kirkman; V de Vendetta de Alan More y David Llore; Adolf de Ozamu Tezuka; 300 de Frank Miller; o Los Combates Cotidianos de Manu Larcenet.


En definitiva, la combinación perfecta: literatura y arte unidas al servicio nuestro, a nuestro disfrute... nuestra imaginación. ¿Qué más se puede pedir? ¡Por supuesto! Una librería cercana donde adquirir nuestro primer ejemplar y dejar que los sueños se acerquen un poco más ahora que estamos en verano, en cualquier lugar: la playa, la montaña, el sofá de tu casa... Cualquier sitio es bueno cuando de expandir la mente se trata, ¿estás preparado?

Ilustración: May Olivares

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