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jueves, 14 de enero de 2010

UNA DE CARTAS DE AMOR




Un día lluvioso, como otro cualquiera. Yo esperaba en aquella esquina que nunca tiene destino, el alma solitaria de un lobo hambriento nunca encuentra redención en la ausencia de la sombra del ser que completa nuestro propio yo.
Un día lluvioso como otro cualquiera. Tú paraste en la esquina del viento contradictorio a mis súplicas de soledad. Fuiste rayo embriagador de mis pasiones más secretas. Llegaste a mi parada y yaciste ante mí, como un aire famélico de deseos por abrirme el corazón aún ha sabiendas de mis anhelos de individualidad. Me diste la mano e intente desafiar al corazón rechazando las muestras de cariño, al fin y al cabo, era un juego de niños..
Por primera vez me sentí raro. Tú eras un ángel herido y mi conciencia tornó mártir de  tu dolor para hacerlo propio. Mis ojos te contemplaron en un soplo repentino de carencias y las espinas que tenía clavadas salieron una a una de mi caparazón, fría piel que envolvía un alma repleta de necesidades de tu amor.


Tras este fortuito encuentro del destino, me sentí anómalo. Soy un ser ilógico, custodiado por la pasión que provoca el vaivén de tu aliento, bien sabes que no miento. Soy inaudito y un adicto a tus cabellos, hormigueos que recorren cada palmo de mi piel durante las noches que te sueño.
Ya, me da igual lo que llueva, mientras sigas regocijándote con el albor de mis ojos. Perpetuamente permanecerá mi piel seca el tiempo que dure a tu lado. Las tempestades son brisa siempre que seas mi par de manos,  mis pies y mis oídos. ¿Por qué Dios se empeñó en hacerlos de dos en dos?


¡Qué ironía! Toda mi vida he deseado ser un individuo íntimo, y ahora, tú, que entorpeces mis deseos también los revuelves para convertirlos en un volcán de contradicciones. Nunca fui un trovador bajo la ventana de su amante, y las caricias las guarde en el cajón del olvido para encerrarlas con las llaves de la hermética capacidad para amar.
Ahora no puedo terminar el día sin despedirme de ti, soy un adicto a tu dulzura. No hay miedo pues la locura en la que me cercaste me nubla la razón para hacerme sentir vivo. He vuelto a renacer de mis cenizas, ave Fénix que pliega sus alas para abrazarte y fundirme en tu lazo.



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