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jueves, 3 de septiembre de 2009

Diario de un psicopático: UNO MÁS Y UNO MENOS

Ser el hermano mayor supone muchas ventajas. Para mí solo han sido inconvenientes.


En mi casa éramos (y digo éramos porque yo ya me independicé) tres varones(contando conmigo) y una mujer. Detrás mía va Nando( el segundo, con el cual me llevo unos dos años); Aurora( mi única hermana); y por último Sebastián.

Por cierto, no sé si anteriormente referí mi nombre, aunque nunca estoy seguro de lo que digo. Mi nombre es Mario. Mi padre se llama Mario, al igual que mi abuelo paterno(y, claro, como he sido e primogénito caí en la desgracia de heredar los nombres de mis antecesores en el árbol genealógico familiar. Una vez intenté convencer a mis padres para cambiarme de nombre, pero fue inútil.

Me hubiera gustado llamarme Antonio por varios motivos: el primero porque nací en ese día, el segundo porque mi querido abuelo materno, ya fallecido, se llamaba así. Él (mi abuelo) se despidió de nosotros hace varios años y sólo nos dejó su ausencia entre el olor a ducados de su chaqueta(murió repentinamente a causa de un cáncer de pulmón); quizás ese fue el único defecto que tenía: su adicción a la nicotina.



Cuando tenía ocho años, mi abuelo sufrió un infarto. El tabaco ayudó en gran parte a que éste se produjera. Tras una semana postrado en la cama del hospital de la comarca volvió a su casa. Mi abuela Nieves intentó quitarlo de fumar, pero le fue en vano. En cuanto Nieves y Mariana (mi madre) se daban la vuelta, él con talante despreocupado y un tanto clandestino, me daba veinte duros para que me acercase al kiosco de Manolita para comprarle un par de cigarrillos. Yo, pensando en las chucherías que me compraría con la vuelta, iba a escondidas y volvía con la mercancía de forma insospechada por los demás. Puede que en parte yo fuese el cómplice de una muerte anunciada, a la vez que inesperada. Tan inesperada que me dije a mí mismo que jamás pondría un cigarro más en mis labios.- ¡Qué mentira!- pienso mientras saboreo un Lucky Strike (mi marca favorita).

Quizás, en lo único que me pareceré a mi difunto abuelo no será su nombre; puede que sea esa misma muerte la que toque a mi puerta de la misma manera que a él le vino. Casi sin esperar, después de avisar durante muchos años en un silencio a gritos. Personalmente, me resulta truculenta la idea de querer lo mismo para mí; solo por parecerme a alguien querido; pero no puedo evitarlo.

1 comentarios:

  1. Hola. Espero y deseo que no siga el primogénito ni ninguno de sus hermanos la suerte del señor D. Antonio, abuelo por parte materna. Aunque lo ideal sería valerse de su ejemplo para quitarse del tabajo.
    Me gusta este blog.

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