Comparte

sábado, 29 de agosto de 2009

DIARIO DE UN PSICOPÁTICO: Una tarde normal

texto y foto: May Olivares


Todavía estoy quitándome algún hilillo de sangre que sigue saliendo de mi destrozada muñeca izquierda. –Menos mal que es mi mano mala- me digo a mí mismo mientras me tumbo en el suelo a contemplar mi obra: una habitación casi completamente destrozada.

Esta mañana un mar de dudas volvió a desolarme. El miedo a mi destino aún no escrito me revuelve las tripas cual pescado ya pasado. No sé qué es lo que me deparará el destino. Sumado a esta incertidumbre tengo como compañía a Soledad, una chica que es en esos momentos cuando hace su aparición y me hiere con falsos consejos y me hunde un poco más en mi desastrosa carrera por conseguir volver a ser normal, él que era solo hace un par de años. Puede que nunca jamás vuelva a ser ese chico alegre y cordial. En fin, seguiré pensando que en cualquier momento alguien vendrá para liberarme de este sufrimiento interno, a veces, hasta la muerte puede ser mi única liberación.

Una vez, sí que intenté alcanzar la paz eterna. Fue un fallo por mi parte, y no precisamente por el hecho de intentar el suicidio; mis padres me encontraron tendido en el suelo tras un atracón de pastillas calmantes y lo único que recuerdo es un despertar en el hospital con sabor agridulce. Recuerdo que la enfermera intentó convencer a mis viejos para que me denunciasen. La verdad, me hubiera dado igual lo que hubiesen hecho. A partir de ese día ya todo me da igual, lo único que quiero es salir de este patético túnel cuando y como sea.

Yo mismo me avergüenzo de esta actitud ante la vida, pero, ¿y si ya se está muerto en ella? El piso donde vivo se ha convertido en un cementerio viviente. Si las paredes hablasen seguro que me pedirían un tregua para poder descansar de la pena y la ira reprimidas que se esconden entre sus ladrillos, y los electrodomésticos se irían de nuevo a los estantes de los que vinieron si pudiesen andar.

Quizás yo mismo tenga la culpa de esta situación, o quizás no. En realidad no lo sé, pero sí que me gustaría saberlo para poder cortar el cáncer que me está destrozando desde la raíz. Sé que destrozar el mando a distancia o cortarme rompiendo el espejo lo único que consiguen es apaciguar mi odio por unos breves instantes. No será la mayor solución, pero es lo único que se me ocurre en esos amargos momentos de soledad.

Después de este altercado, suelo ir a pasear, pero ya no lo hago rodeado de mis amigos como antes; prefiero ir solo… para poder pensar en lo que me está sucediendo e intentar una solución.

0 comentarios:

Publicar un comentario

Compártelo