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miércoles, 3 de junio de 2009

A QUIEN TANTO HE QUERIDO


A quien tanto he querido:

 

Ahora mismo tú no estás a mi lado, me he habituado a ello y por lo tanto ya no me quejo como antes lo hacía, de forma chillona, como si el mismo demonio saliese de las cavernas de mi garganta. Aún así todavía percibe mi nariz el suave aroma de tu cuerpo sobre mi espalda, es por ello que aunque no estés te tengo a mi lado como aquella vez en que tanto amor me distes y tanto amor te di. Momentos fugaces cual lúcida estrella.

¿Recuerdas aquel beso? Son momentos que llaman a la puerta de mi alma como el cartero toca a mi casa cada mañana para dejarme todas aquellas facturas que, no consiguen que me olviden del primer beso furtivo que te di una suave noche de mayo. Íbamos tan bebidos los dos… nunca me hubiese sentido capaz de acercar mi boca a la tuya si aquel día el ron no hubiese actuado… sé que estuvo mal haber bebido, tampoco me arrepiento.

¿Olvidaste  como nos enamoramos? Yo solo era una muchacha de 19 años, que estaba apunto de casarse con el que era su novio, tú, cuerpo de hombre con espíritu de niño… gracias le doy a dios que me encontraste cuando yo estaba casi destinada a emprender un viaje al infierno de unos brazos que no eran los tuyos, brazos a los que me acostumbré sin saber que en esto del amar y ser amado uno nunca se acostumbra. Nadie sabe en realidad como me enamoré de ti, pero tampoco quiero saberlo puesto que la razón solo es molesta y perturba mi corazón inquieto cuando de ti me lleno la boca. Fue la historia más bonita que nadie imaginará, como tantas otras historias, pero a la vez tan llena de altibajos y baches que llegué a pensar en dejar de luchar por lo nuestro… no te merecías sufrir por mí, nunca merecí tanto amor recibido a golpe de un te quiero y las caricias que me brindabas cuando a escondidas nos veíamos para decirnos lo que sentíamos.

¿Piensas en todo aquello que nos dijimos? Nos hablábamos con los ojos, tantas caricias me dieron tus ojos verdes, color de la esperanza, color que nunca me alcanza para expresar lo mucho que te amé en aquellos días…Me hubiese gustado que la noche que me mirabas fijamente mientras acariciabas el pelo me hubieses besado… nunca lo hiciste y yo tampoco supe lanzarme.

¡Cuánto miedo teníamos a querernos en aquella oscuridad! Solo entraba luz por la persiana de la habitación… ¡Cuánto miedo teníamos de sentirnos y olernos! Quizás era demasiado miedo para tanto amor…

¿Todavía te sigues preguntando como conseguimos librarnos de todos aquellos que se oponían? Yo nunca me lo pregunté porque sé desde lo más profundo de mi alma que te amaba y no podía perderte sin combatir. Siempre supe que te quería, incluso antes de conocerte, te veía en mis sueños como una mano que acudía en mi rescate y me socorría cuando caía al vacío, te soñaba cuando mis sábanas aparecían húmedas por el sudor de mi cuerpo… ardía sin explicación en las noches más frías.

¿Y ahora? Ya no hay más lágrimas, ya no hay más confusión ni dolor por tu ausencia… todo acabó como terminan las estaciones y los años, pero tu amor sigue aquí conmigo, a mi lado como siempre. Tengo la seguridad de tus brazos, tengo el suave perfume de tu pecho en el cual me poso durante las noches cuando quiero dormir tranquila, tengo el color de tus ojos atado a mis pupilas como si éstas fuesen presas de la luz de tu mirada.

La ausencia es un momento fugaz en el transcurso de la vida pero eterno cuando se quiere de verdad y sin pudor, por eso sé que debo esperarte todos los días durante el resto de mi vida. Tarde o temprano regresarás como si fueses la marea, yo esperaré con los brazos abiertos como cada día sabiendo que tú estás aunque no te pueda ver, aunque no te pueda tocar. 

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